Construcción como sector esencial para la reactivación económica y seguridad social de los trabajadores

Construcción como sector esencial para la reactivación económica y seguridad social de los trabajadores

Nadie sabe a ciencia cierta cuánto demorará para que todas las actividades que se han visto afectadas por la pandemia puedan retornar a su ritmo habitual. En especial, las que no son consideradas como esenciales y que, en muchos casos, han sufrido con mayor fuerza los efectos económicos de esta crisis sanitaria.

Uno de estos rubros es el sector de la construcción, el que mueve a una masa laboral de 750.000 trabajadores a nivel nacional y mantiene 55.000 empleos en la región del Biobío, pero que aún no es calificado como esencial.

Las medidas para contener el virus decretadas por la autoridad, como cordones sanitarios y cuarentenas -que deben acatarse y cumplirse- han generado la detención de gran parte de la actividad económica sectorial, con alrededor de 870 obras paralizadas en el país, con un costo US$ 51,81 millones a la semana.

Sin duda, las restricciones impuestas y la finalidad de proteger la vida de compatriotas, ha instalado un dilema complejo de abordar puesto que no sólo están en juego los puestos de trabajo sino también, las fuentes laborales y sus posibilidades de sobrevivencia, afectando las bases de una futura reactivación.

El deterioro económico para empresas locales, especialmente para las medianas y pequeñas, ha sido el efecto no deseado de estas restricciones. A esto se suma la situación de trabajadores de la construcción que viven en zonas donde estaba decretada la cuarentena y que se ven imposibilitados de llegar a sectores donde no lo están y viceversa.

El empleo ya es un indicador que se ha resentido en el sector, y que podría elevarse a un 20% a fines de año; lo que es una preocupación permanente para todos quienes nos desempeñamos en esta industria. Si a este escenario se siguen sumando paralizaciones de obras tendremos que enfrentar una contracción aún más profunda en los niveles de desempleo.

En este contexto, una encuesta realizada en mayo por el Área Social del gremio a 8.000 trabajadores de distintas empresas socias a nivel nacional, concluyó que la industria es la puerta de entrada laboral para inmigrantes y personas en situación de vulnerabilidad.

Es justamente este último grupo social el que más está siendo afectado por esta emergencia, debido a su condición de pobreza y hacinamiento.

La destrucción de los empleos conduce indefectiblemente a una precarización del trabajo, a la pérdida de estabilidad y al detrimento de la asistencia social y de salud.  Pero lo que es aún más preocupante, es que el trabajo formal se transforma en informal, donde la dispersión de los trabajadores los expone más aún a contagios.

Ante este panorama, la Cámara Chilena de la Construcción ha realizado un esfuerzo importante para resguardar la salud de los trabajadores y a la vez no detener la actividad, preferentemente en obras y operaciones. Es así como se elaboró el “Protocolo Sanitario para el Sector Construcción”, diseñado en conjunto con diversos ministerios (con recomendaciones de la cartera de Salud) y que reúne estrictas normas para que las faenas operen en forma segura y se eviten los contagios. Hoy más de 1.400 obras a nivel nacional están inscritas a este compromiso lo que permite garantizar y proteger la salud de 158.138 trabajadores.

Pensamos que la aplicación de medidas rigurosas debería ser una condicionante para que todas las empresas constructoras tengan la posibilidad de trabajar en comunas con cuarentena, cumpliendo a cabalidad con este protocolo.

El producto final que es la vivienda es un bien básico y el rubro es uno de los sectores que más aporta al PIB nacional, con más del 7% y que es intensivo en puestos de trabajo (aproximadamente un 8,5% de los ocupados del país trabaja en esta actividad).

Por lo demás, economistas de diversos espectros políticos, señalan que el sector construcción será en el futuro -no sabemos si cercano o lejano- el que encabece el carro de la recuperación económica.

Entonces, ¿cómo no considerarlo un rubro estratégico a nivel nacional?

Helen Martin Urrutia
Vicepresidenta CChC Concepción

Sector construcción y el impacto de la pandemia en los más vulnerables

Sector construcción y el impacto de la pandemia en los más vulnerables

Helen Martin Urrutia
Vicepresidenta CChC Concepción

Las protestas de pobladores conocidas esta semana en la comuna de El Bosque en Santiago reflejan una realidad que con dolor anticipamos: la pandemia sanitaria se está convirtiendo para muchos chilenos en una crisis social, producto del retroceso económico que experimenta el país.

El desempleo, la pobreza y lo que es peor, el hambre, comienzan a ser palpables entre los más vulnerables de la sociedad. En especial, en aquellos que deben buscar sustento diario para vivir.

Por eso, valoramos las nuevas medidas anunciadas por el Gobierno, en relación a focalizar la ayuda en este grupo, tanto el auxilio en alimentación, como el llamado Ingreso Mínimo de Emergencia.

Lo anterior se suma a planes que otros organismos ya habían comenzado a implementar, anticipando los nefastos efectos económicos. Nosotros como ente gremial y aportando junto a la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC) asumimos el desafío de llegar a 125 mil familias de escasos recursos con productos básicos.

Ya en marzo, la CPC nos había convocado a ser parte junto a otros gremios del “Fondo Privado de Emergencia para la Salud de Chile” que tiene como propósito aportar con recursos, capacidades, infraestructura, redes y gestión del mundo empresarial, al Estado, municipios y fundaciones dedicadas a la población más vulnerable.

Entre otras ayudas, esta iniciativa ha entregado un millón de test rápidos al Ministerio de Salud y puso a disposición de esa cartera la infraestructura hospitalaria -en nuestro caso- de toda la Red Salud CChC.

Sin embargo y, pese a todos estos esfuerzos, creemos que ninguna red de asistencia social puede reemplazar a la dinámica de un país capaz de volver a crear empleos, mejorar los salarios y entregar nuevas oportunidades a sus habitantes.

Este es el mayor desafío no solo a nivel nacional, sino también, para el rubro de la construcción, reconocido como el sector productivo que genera la mayor actividad económica en el país.

Nuestra industria además concentra un efecto multiplicador en el empleo. Son 55.000 los puestos de trabajo directos e indirectos en la región y 750.000 en el país. Según cifras del propio gremio constructor, a raíz de la pandemia se perderán unos 75.000 en lo que resta del año.

Como sector, nos preocupa este escenario. El impacto de esta crisis en el empleo se amplifica en nuestro rubro, ya que el mayor porcentaje de la mano de obra proviene de la población más vulnerable y de clase media necesitada.

Con todo, la CChC ha logrado consensuar con distintos ministerios un Protocolo Sanitario para el Sector de la Construcción, que promueve, bajo estrictas medidas preventivas, la continuidad de las obras; de manera de asegurar la cadena productiva y con ello, los empleos del sector.

Estamos conscientes de los riesgos de esta enfermedad, pero tampoco se debe desconocer que medidas como el impedimento de salir a trabajar y el condicionar la detención de proyectos, finalmente, terminan afectando a esas familias tanto en lo económico y sanitario. Y lo que es aún más inquietante, en un mediano plazo, significará el deterioro de su calidad de vida.

Paralización económica o convivir con la pandemia

Paralización económica o convivir con la pandemia

Felipe Schlack Muñoz
Presidente Cámara Chilena de la Construcción, sede Concepción.

Si bien a lo largo de las semanas hemos visto un debate entre quienes son partidarios de medidas sanitarias rigurosas, como el lock down total, y quienes optan porque el sistema deba relajarse, para ir dando paso a que la actividad económica vuelva a desarrollarse.

Los que están más cerca de esta teoría son satanizados y tratados, incluso, como codiciosos e irresponsables. Sin embargo, a medida que avanza la propagación del virus el debate debería enfocarse en cómo logramos aplicar medidas sanitarias preventivas lo menos invasivas posible para la actividad económica. Lo anterior, obviamente, cuidando la salud de todos y teniendo en cuenta que el país deberá convivir con la pandemia durante un extenso periodo de tiempo.

Este dilema no es diferente al que viven otras naciones. Comenzar a adecuarse a la “nueva normalidad” es un desafío, pues en la medida que continúa el proceso de aislamiento; el daño a la inversión y la recesión proyectada para el país, se hace cada vez más profunda. Esto con el consecuente impacto en el desempleo, en el corto plazo.

El Gobierno ha dado señales cuyo objetivo es impulsar una reapertura de la economía y lograr una progresiva normalización de las actividades. El plan de retorno para funcionarios públicos –con gradualidad y ciertas excepciones- es un indicio para todo el mundo laboral.

Es el caso del sector de la construcción, el cual ha sido uno de los más golpeados con la pandemia, y uno de los rubros con mayor intensidad de la mano de obra. En la región del Biobío son cerca de 55.000 trabajadores ligados a la industria y más de 750.000 a nivel nacional.

Según cifras del gremio, es posible llegar a un 12% de desempleo, con una destrucción de 75.000 puestos laborales, a finales de año; el peor escenario desde 2010.

La mayoría de estas familias que se verán sin su fuente laboral en un corto plazo no cuentan con un soporte económico adicional y necesitan generar recursos periódicamente para costear sus necesidades básicas y llegar a fin de mes.

Por ello, esta otra pandemia del desempleo es incluso más feroz que la sanitaria. Creemos que es esencial, como lo ha hecho el Gobierno, en sus paquetes de medidas económicas, apuntar a la liquidez de las empresas y a la protección del empleo. Pero, además, implementar acciones concretas que apoyen la continuidad de la cadena productiva del sector.

Se necesita la operatividad de las obras, con todos los resguardos sanitarios necesarios, pues sin este movimiento las empresas tendrán bajas condiciones para financiar la mano de obra.

El llamado es a adaptarnos a la nueva situación, pues el virus estará presente durante largo tiempo y ninguna cuarentena total podrá eliminarlo. Es fundamental, entonces, una fase de normalización de la actividad económica, de lo contrario veremos con dolor una profundización de la vulnerabilidad social y pobreza en nuestra sociedad. Este es el gran desafío que tenemos por delante y para el cual todos tenemos que estar disponibles.

 

Una nueva propuesta que estanca a Concepción

Una nueva propuesta que estanca a Concepción

Hace unos días vimos con sorpresa como el Concejo Municipal de Concepción aprobó una nueva versión de la imagen objetivo (IO) para iniciar formalmente el proceso de modificación de su Plan Regulador Comunal (PRC).

En la práctica, se definió un límite de 5 y 7 pisos en el centro de la ciudad. La altura máxima, de 15 pisos, quedó establecida para el sector de avenida Alessandri, lejos del centro, en un área más enfocada a los servicios que al uso habitacional y donde no llega el transporte público. Similar caso ocurre con el tope de 12 pisos, aplicable solo a algunas arterias como Prat, Carrera, Collao y 21 de Mayo.

Consideramos que es atendible que preservemos aquellas áreas que representan nuestro valor patrimonial y natural, y también tener zonas que propicien la vida de barrio. La brecha de la actual IO está en aquellas zonas donde sí es factible densificar de forma equilibrada, como Chacabuco, Manuel Rodríguez o Paicaví, entre otros sectores, que son preferidos por los penquistas producto de la calidad de vida que ofrecen sus entornos.

No cabe duda que es pertinente modificar el PRC y adaptarnos a las nuevas dinámicas y necesidades de los habitantes, pero lamentablemente es su visión de largo plazo lo que hipotecará el desarrollo futuro de la ciudad.

Esta situación nos hace rememorar la fallida entrada en operación del Transantiago. Aquella vez se diseñó un nuevo sistema de transporte público para los santiaguinos, obviando un factor clave: la voz de quienes entendían el movimiento diario de la ciudad, de quienes ‘hacían la pega’ cada día, como son los transportistas. Acá está pasando lo mismo, ya que se están estableciendo parámetros urbanísticos sin sustento técnico.

Justo antes del estallido social, exploramos el sentir de los penquistas sobre sus prioridades para la ciudad. El resultado de la encuesta aplicada por GfK Adimark fue concluyente: la altura de los edificios no era una de ellas. Pero sí lo son otros aspectos como la peatonalización de la ciudad y el acceso a áreas verdes. Y eso nos lleva otra vez a algo que hemos venido sosteniendo: ¿Cómo es posible que la actualización de este instrumento de planificación solo se base en la altura de los edificios, y no considere otras variables de valor para la ciudad y su gente?

Creemos que es un error demonizar la altura porque sí, y no condicionarla, por ejemplo, a medidas urbanísticas sustentables. Un edificio de 20 pisos no es malo porque sí, efectivamente se convierte en un aporte si cumple con debidos criterios que favorezcan el crecimiento de la ciudad.

Ponerle esta camisa de fuerza a Concepción impedirá que más personas vengan a vivir al lugar más atractivo que tiene, dejándolo solo para el 1% con más ingresos ¿Eso es justo? Porque si queremos acortar la brecha de la desigualdad, una medida tan drástica como ésta apunta solo a incrementarla, pues veremos menos construcción, puestos de trabajo y servicios. También menos viviendas y a mayor costo, y más tiempos de desplazamiento al tener que escoger la periferia de la ciudad para vivir. El camino para modificar el PRC es largo, trabajémoslo con responsabilidad y real diálogo.

Felipe Schlack Muñoz
Presidente Cámara Chilena de la Construcción, sede Concepción.

UNA MIRADA ‘CONSTRUCTIVA’

UNA MIRADA ‘CONSTRUCTIVA’

Ciertamente enfrentamos días difíciles, por lo mismo como CChC Concepción hacemos propio el llamado del Gobierno a que todos los chilenos nos unamos en la construcción de los acuerdos a los que ha convocado, los cuales deben ser la base para que desde esta coyuntura emerja un mejor país. Y todos, sin excepciones, tenemos el deber de aportar a que esta posibilidad se materialice.

Desde la construcción sabemos que hay camino por recorrer. Internamente, lo primero ha sido estar cerca de nuestros socios y trabajadores. Esto no ha impedido que al mismo tiempo impulsáramos una serie de diálogos que nos han permitido constatar el compromiso del trabajador de la construcción con sus puestos de trabajo, escuchar su visión sobre esta crisis y estar a su disposición.

Porque no debemos olvidar que la Cámara surge hace casi 70 años justamente para eso, para ir en apoyo de ellos, para ayudar a mejorarles su calidad de vida. Por tanto, un primer compromiso que nos hemos propuesto es trabajar con más fuerza en todas nuestras políticas sociales, que van en resguardo de todas las personas que componen esta actividad.

Un segundo foco que nos moviliza es poder ayudar a la modernización del Estado y sus instituciones. Para que tengamos una actividad económica fuerte, generación de empleos y tributos que financien las necesidades de los chilenos, debemos cuidar la productividad. Por lo mismo, es indispensable tener carteras públicas ágiles, que trabajen en sinergia y reduzcan la burocracia. Al respecto tenemos un mal indicador que mejorar, que arroja que la construcción de una vivienda implica mil días de trámites, si es que se dispusieran en secuencia.

Por último, quiero recordar que en el reciente año hemos apostado por abrir debates en torno a tres asuntos prioritarios para la calidad de vida de nuestros habitantes, en los que podemos participar activamente como expertos: vivienda pública, infraestructura y desarrollo urbano. Debemos avanzar hacia un mayor acceso a vivienda, con una infraestructura que la rodee de forma eficaz y completa, y con un crecimiento urbano que garantice acceso a servicios, áreas verdes y a un transporte público de calidad. Tener barrios equipados y poder llegar rápido y en forma segura al trabajo también son asuntos de equidad; y construir ciudades sustentables también es finalmente algo democrático.

Sabemos que hay temas sensibles que discutir, pero debemos intentarlo con la mejor voluntad. Como gremio estamos llanos a dialogar con una mirada constructiva, y a ofrecer toda nuestra capacidad a la discusión y toma de decisiones. También a trabajar fuerte en reactivar la economía y a velar aún más por el bienestar de nuestros trabajadores.

Estamos convencidos que un diálogo cívico nos permitirá, a pesar de las diferencias que puedan existir, encontrarnos y unirnos para construir las ciudades que nuestros habitantes necesitan para hoy y el futuro.

Felipe Schlack Muñoz
Presidente Cámara Chilena de la Construcción, sede Concepción.

MÁS UNIDOS QUE NUNCA

MÁS UNIDOS QUE NUNCA

Queridas y queridos socios,

Ciertamente enfrentamos días difíciles, por lo mismo quiero transmitirles que como CChC Concepción, hacemos propio el llamado del Gobierno a que todos los chilenos nos unamos en la construcción de los acuerdos a los que ha convocado, los cuales deben ser la base para que de esta coyuntura emerja un mejor país. Y todos, sin excepciones, tenemos el deber de aportar a que esta posibilidad se materialice. Estamos convencidos que solo la paz y la unidad nos permitirán salir adelante.

Quiero aprovechar esta comunicación para contarles algunas cosas. Primero, que hemos estado en un nutritivo proceso de diálogo interno. Hemos sostenido encuentros con diversos socios, y también con nuestros Comités y Grupos de Trabajo. Esto, con el objetivo de escucharlos, saber cómo se sienten y manifestar nuestra plena disponibilidad para lo que puedan requerir de nosotros. Compartir visiones y sentimientos, sin duda ayuda a estimular nuestra capacidad de resiliencia en la adversidad.

Durante estas semanas hemos constatado con orgullo el sentido de pertenencia y fidelidad de nuestros trabajadores con sus puestos de trabajo. También quiero destacar las muy buenas prácticas que hemos escuchado de varios de ustedes, como acercarse con genuino interés a escuchar a su gente y contenerlos, y apoyarlos en algunos casos de urgencia. Ese es nuestro “Espíritu Cámara”, el que hoy debe estar más presente que nunca.

No nos olvidemos que este gremio surge para ir en resguardo de todos quienes integramos esta actividad. Por eso, nuestro foco es trabajar para ustedes. Entendemos que hay angustia e incertidumbre, y que la contingencia afecta más a algunos que a otros. Queremos que sepan que empatizamos con todos.

Sabemos que hay dificultades que enfrentar. Por lo mismo, hemos solicitado a los presidentes de Comités que puedan realizar en sus espacios un levantamiento de los principales problemas o afecciones de sus integrantes. De esta manera, podremos priorizar situaciones y definir medidas de apoyo para avanzar con eficiencia y coordinación.

Para que podamos ayudarlos de la mejor forma posible, les pedimos que por favor estén muy atentos a nuestros canales institucionales y a toda comunicación que emane desde nuestro equipo de profesionales.

Amigas y amigos, ustedes saben que la Cámara, debido a su trayectoria y presencia, tiene también un rol social que no debemos descuidar, y por lo mismo, los diálogos que hemos tenido con muchos de ustedes nos han servido para estructurar una hoja de ruta pública, que esperamos compartir pronto y que conecte también en lo posible con lo que la ciudadanía espera y necesita de nosotros.

El camino no es la violencia, sino la paz sin condiciones; no es la división, sino la unidad entre los chilenos; no es la intolerancia, sino el diálogo abierto y constructivo; no es imponer, sino trabajar colaborativamente para consensuar nuevos y mejores horizontes que convoquen a todos y que nos lleven a ser una nación más justa y equitativa.
Quiero terminar compartiéndoles mi sincero optimismo. De a poco vemos señales de diálogo conciliador que nos alientan, más temprano que tarde nuestro país se va a reponer y saldrá adelante una vez más. Y estoy seguro que en parte será gracias al empuje de todos nosotros, porque lo nuestro es construir ciudades y aportar a la vida feliz que en ellas puede surgir.

Nuestro país está viviendo un momento de inflexión y de lo que seamos capaces de construir juntos dependerá el destino de las actuales y futuras generaciones.

Un fuerte abrazo.

Felipe Schlack Muñoz
Presidente Cámara Chilena de la Construcción, sede Concepción.