Las trabas en el camino hacia la “Era Digital”

Las trabas en el camino hacia la “Era Digital”

Días atrás, una resolución de la Corte de Apelaciones de Santiago ordenó a las notarías “abstenerse” de utilizar cualquier sistema computacional implementado en sus oficios para autorizar instrumentos privados de cualquier naturaleza, debiendo atenerse únicamente a las normas que, al efecto, establece el Código Orgánico de Tribunales. Sin embargo, en horas posteriores modificó, atenuando dicha restricción.

Esta decisión nos llama a reflexionar sobre cómo cada intento de avanzar hacia la llamada “Era Digital” aún encuentra trabas en la sociedad. La normativa, que en el ejemplo se refiere a lo prescrito en el Código Orgánico, originario de 1943, nos plantea los atavismos culturales e inercia de nuestro país.

En este contexto, lo que nos debe preocupar es la rapidez para encontrar normativas, explicaciones y obstáculos cada vez que la digitalización de algunos aspectos de nuestra vida encuentra cauces y amplía su espectro, en especial de la “tramitología” que debemos soportar los ciudadanos para cumplir con las normas y compromisos.

No se trata de eliminarlos para derivar en una convivencia sin más acuerdo que la palabra

-lo que sería imposible- pero, en el fondo, es preguntarnos cómo avanzamos desde lo público y lo privado a una digitalización de actuaciones y actividades, en especial teniendo en cuenta el escenario sanitario en el cual nos encontramos.

Observamos hoy que las filas en las diversas notarías del país son tan densas como para entrar a un supermercado y, lejos, más largas que las que ocurren en farmacias. Parece un contrasentido que desatada la crisis sanitaria, donde procuramos mantenernos en casa y disminuir el contacto personal; debamos esperar presencialmente por trámites, en vez de evitar la asistencia a oficinas, con la obvia pérdida de tiempo, pero también con los riesgos para la salud pública.

Aquí está la tarea trascendental del Estado, el cual tiene la inmensa oportunidad de aprovechar la experiencia de esta crisis para disminuir la cantidad de papeles y reemplazarlos por archivos digitales. Se puede atender a los privados, sin hacerlos esperar en los pasillos y, finalmente, se puede avanzar sin tener múltiples actores sentados en una mesa, reemplazando esta práctica por reuniones virtuales.

Por otra parte, los privados han asumido que muchas tareas pueden ser ejecutadas sin tener que congestionar los medios de transporte todos los días “para cumplir el horario en oficina” y que ésta, no sucumbe con menos gente o que las tareas no se ven trastocadas si alguno de los miembros del grupo laboral trabaja desde su casa.

La pandemia nos ha golpeado con una serie de dificultades, pero como toda crisis, nos alienta a superar estos problemas. La modernización en tema de trámites públicos y privados, con el apoyo de la tecnología, no puede dilatarse.

Las normas deben estar al servicio de la población y no para mantener situaciones “que pertenecen al siglo pasado”. Gran parte de las notarías están en condiciones de brindar un servicio digital y modernizarse, preservando obviamente la seguridad. Es de toda lógica, continuar por ese camino y no colocarle trabas. La salud, el bolsillo, el tiempo y, en definitiva, la calidad de vida de los habitantes del país serán los beneficiados.

David Vásquez Alarcón
Ingeniero Comercial | Presidente Comité Vivienda CChC Concepción

La contribución social de la CChC en tiempos de pandemia

La contribución social de la CChC en tiempos de pandemia

Hay consenso entre las empresas socias que el compromiso del gremio no está sólo en la continuidad operacional de las obras, sino también, en el apoyo social a los trabajadores.

Tanto el estallido social de octubre pasado como la pandemia, que actualmente vivimos, nos ha llevado a reflexionar sobre la contribución que como gremio podemos hacer a la sociedad y al proceso de diálogo ciudadano.

Pero además, ambas contingencias, nos han conducido a analizar el apoyo que estamos brindando a nuestros trabajadores y a mirar detenidamente los nuevos requerimientos que plantean estas situaciones.

En concreto, entre las empresas del rubro hay consenso en que nuestro compromiso no está sólo en la continuidad operacional de la industria y sus obras, sino también, en el apoyo a los trabajadores y a la comunidad en general.

Creemos que en el contexto de hoy, marcado por la crisis sanitaria y social, se vuelve cada vez más urgente cuidar a nuestros trabajadores. Si bien contamos con un riguroso protocolo sanitario en nuestras faenas, que permiten protegerlos en sus lugares de trabajo, es primordial abordar el cuidado y la preocupación desde el ámbito social.

Sin duda, lo anterior, también nos llevará a tener empresas más sanas y sostenibles.

Para ello, la CChC local ha definido tres ejes de trabajo. Estos son: el mayor impulso a los programas sociales, de manera que se logre llegar a los beneficiarios; la coordinación de las entidades CChC, con la finalidad de conseguir una buena ejecución de las iniciativas y una potente difusión de los beneficios, para que sean conocidos por la mayor cantidad de personas.

Así, durante este año, además hemos realizado un esfuerzo para redestinar recursos e incorporar al Compromiso Social las principales necesidades de los trabajadores y que están acordes a la nueva realidad planteada por la pandemia.

La agenda social tuvo un incremento de un 10% en el presupuesto de inversión, donde se redestinaron ayudas enfocadas a trabajadores del gremio que han perdido sus puestos de trabajo.

Nos enfocamos, especialmente, en llegar a aquellos más afectados por los efectos de la emergencia sanitaria, como son los trabajadores cesantes. Pero, al mismo tiempo, sin descuidar a nuestros colaboradores activos y sus familias.

Elaboramos un plan especial por el Covid-19 de Atención Social al Trabajador Cesante, mediante el cual hemos entregado orientación a quienes se encuentran sin trabajo sobre los beneficios del Estado y de otras instituciones, llegando a atender a más de dos mil trabajadores en Concepción.

Asimismo, brindamos beneficios directos que incluyen atención personalizada de asistentes sociales y un aporte económico para gastos de alimentación, pago de servicios y medicamentos o atención de salud.

En esta última área, hemos ampliado la cobertura para cesantes de los originales tres meses a seis meses de uno de los programas más exitosos como es el Construyo Tranquilo.

En el ámbito de la formación, queremos que puedan optimizar sus competencias para una futura empleabilidad, poniendo a disposición toda una oferta de cursos de manera online.

Todos estos beneficios se han centralizado en la plataforma digital micajadeherramientas.cl, que es una verdadera guía de ayuda y orientación para el trabajador y las empresas socias.

Pese a estas tareas cumplidas, creemos que aún falta. Que podemos dar más por nuestros trabajadores y por ello, estamos impulsando una Bolsa de Trabajo a nivel local, que se convierta en un registro de quienes están cesantes y que las empresas lo utilicen y lo consulten.

La idea es que las constructoras puedan emplear a este capital humano, teniendo la seguridad que se han desempeñado en el sector y que cuentan con la experiencia de haber trabajado en el rubro.

Así, nuestros trabajadores no tendrán que buscar empleo fuera del área donde siempre se desarrollaron y las empresas contarán con colaboradores comprometidos con el sector y el gremio de la construcción.

Miladi Garfe Carreño
Presidenta Área Social
CChC Concepción

Construyendo espacios de participación femenina

Construyendo espacios de participación femenina

Pese a que en la última década la participación laboral de las mujeres en el país registró un aumento, de 44,3% en 2010 a un 48,9% en 2019, según datos del INE; la brecha aún es evidente en ciertos sectores productivos, como la construcción (8%) y la minería (10%), rubros donde los hombres siguen predominando.

Lo anterior nos obliga como gremio a abordar esta situación y a trabajar en superar ese desequilibrio. ¿Cómo? Abriendo oportunidades laborales en una industria considerada estratégica para la economía y que se caracteriza por lo intensivo en mano de obra y generación de empleo.

A consecuencia de lo anterior, hace tres años creamos el Círculo de Mujeres de la CChC en Concepción, el primero a nivel nacional y que comenzó tímidamente con sólo cuatro socias. Hoy, son más de 20 las embajadoras que se han comprometido con la visibilización de la fuerza femenina en el sector.

Durante este tiempo, hemos trabajado en tres ejes. El primero fue aumentar la participación al interior de la CChC, logrando que, de los cinco comités gremiales, cuatro sean presididos por mujeres. Asimismo, la Mesa Directiva Regional apostó, en esta misma sintonía, por una vicepresidenta; siendo la primera en los casi 70 años de historia de la sede local.

En esta línea, fue primordial impulsar la capacitación de ejecutivas de empresas socias, a través de talleres de comunicación efectiva, negociación estratégica y asesoría de imagen. Para lograr esta tarea se generó un convenio con IRADE, en el Programa de Mujeres en Alta Dirección y con el jardín infantil Vitamina, entendiendo que mujeres con hijos pequeños tienen tasas inferiores de empleo y mayores dificultades en el reparto de las tareas domésticas y el cuidado familiar.

Otra de las prioridades fue potenciar a las trabajadoras en obra, capacitándolas para que así, abran caminos a que nuevas mujeres se incorporen al rubro. Para ello, realizamos una alianza público-privada con SernamEG, perfeccionando sus habilidades en el oficio de gasfitería. Además, elaboramos el primer catastro a nivel local para conocer el panorama femenino en la industria.

Hoy, creemos que impulsar la inclusión laboral de la mujer es un tema que se vuelve relevante debido al contexto en el cual nos encontramos.

En este sentido, el gremio ha realizado un significativo gesto al incorporar en su “Plan de Empleo y Reactivación Económica” un porcentaje destinado a la contratación de mujeres en obra. Teniendo en cuenta que la propuesta considera la creación de 600 mil empleos en tres años a nivel nacional, de los cuales 45 mil estarán en la región del Biobío.

Potenciar la participación femenina en el mercado laboral es un aspecto perentorio, en especial para retomar el crecimiento que como país necesitamos. Está comprobado que las empresas que incorporan mujeres salen más rápido de las crisis y generan un 34% más de utilidades si tienen presencia femenina en cargos de liderazgo, según el “Reporte de Indicadores de Género en las Empresas en Chile 2019”, del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género y la Fundación Mujeres.

Sin embargo, integrar a trabajadoras va más allá de las cifras, significa asegurarles un mejor futuro, que sea justo y equitativo. Por lo tanto, incorporarlas al rubro también será un aporte a la calidad de vida que todos añoramos.

El llamado, en estos tiempos complejos, es a no decaer. Por el lado de las empresas, continuar con la cadena productiva y dar oportunidades a trabajadoras de sus organizaciones. Y a las mujeres, dejar atrás el miedo y atreverse a aceptar desafíos con el ánimo de construir no sólo para ellas mismas, sino también, para las trabajadoras que vendrán.

“Impulsar la inclusión laboral de la mujer es un tema que se vuelve relevante y perentorio, debido al contexto en el cual nos encontramos”.

Nathalie Dubois Jarpa

Presidenta Círculo de Mujeres

CChC Concepción

Construcción como sector esencial para la reactivación económica y seguridad social de los trabajadores

Construcción como sector esencial para la reactivación económica y seguridad social de los trabajadores

Nadie sabe a ciencia cierta cuánto demorará para que todas las actividades que se han visto afectadas por la pandemia puedan retornar a su ritmo habitual. En especial, las que no son consideradas como esenciales y que, en muchos casos, han sufrido con mayor fuerza los efectos económicos de esta crisis sanitaria.

Uno de estos rubros es el sector de la construcción, el que mueve a una masa laboral de 750.000 trabajadores a nivel nacional y mantiene 55.000 empleos en la región del Biobío, pero que aún no es calificado como esencial.

Las medidas para contener el virus decretadas por la autoridad, como cordones sanitarios y cuarentenas -que deben acatarse y cumplirse- han generado la detención de gran parte de la actividad económica sectorial, con alrededor de 870 obras paralizadas en el país, con un costo US$ 51,81 millones a la semana.

Sin duda, las restricciones impuestas y la finalidad de proteger la vida de compatriotas, ha instalado un dilema complejo de abordar puesto que no sólo están en juego los puestos de trabajo sino también, las fuentes laborales y sus posibilidades de sobrevivencia, afectando las bases de una futura reactivación.

El deterioro económico para empresas locales, especialmente para las medianas y pequeñas, ha sido el efecto no deseado de estas restricciones. A esto se suma la situación de trabajadores de la construcción que viven en zonas donde estaba decretada la cuarentena y que se ven imposibilitados de llegar a sectores donde no lo están y viceversa.

El empleo ya es un indicador que se ha resentido en el sector, y que podría elevarse a un 20% a fines de año; lo que es una preocupación permanente para todos quienes nos desempeñamos en esta industria. Si a este escenario se siguen sumando paralizaciones de obras tendremos que enfrentar una contracción aún más profunda en los niveles de desempleo.

En este contexto, una encuesta realizada en mayo por el Área Social del gremio a 8.000 trabajadores de distintas empresas socias a nivel nacional, concluyó que la industria es la puerta de entrada laboral para inmigrantes y personas en situación de vulnerabilidad.

Es justamente este último grupo social el que más está siendo afectado por esta emergencia, debido a su condición de pobreza y hacinamiento.

La destrucción de los empleos conduce indefectiblemente a una precarización del trabajo, a la pérdida de estabilidad y al detrimento de la asistencia social y de salud.  Pero lo que es aún más preocupante, es que el trabajo formal se transforma en informal, donde la dispersión de los trabajadores los expone más aún a contagios.

Ante este panorama, la Cámara Chilena de la Construcción ha realizado un esfuerzo importante para resguardar la salud de los trabajadores y a la vez no detener la actividad, preferentemente en obras y operaciones. Es así como se elaboró el “Protocolo Sanitario para el Sector Construcción”, diseñado en conjunto con diversos ministerios (con recomendaciones de la cartera de Salud) y que reúne estrictas normas para que las faenas operen en forma segura y se eviten los contagios. Hoy más de 1.400 obras a nivel nacional están inscritas a este compromiso lo que permite garantizar y proteger la salud de 158.138 trabajadores.

Pensamos que la aplicación de medidas rigurosas debería ser una condicionante para que todas las empresas constructoras tengan la posibilidad de trabajar en comunas con cuarentena, cumpliendo a cabalidad con este protocolo.

El producto final que es la vivienda es un bien básico y el rubro es uno de los sectores que más aporta al PIB nacional, con más del 7% y que es intensivo en puestos de trabajo (aproximadamente un 8,5% de los ocupados del país trabaja en esta actividad).

Por lo demás, economistas de diversos espectros políticos, señalan que el sector construcción será en el futuro -no sabemos si cercano o lejano- el que encabece el carro de la recuperación económica.

Entonces, ¿cómo no considerarlo un rubro estratégico a nivel nacional?

Helen Martin Urrutia
Vicepresidenta CChC Concepción

Sector construcción y el impacto de la pandemia en los más vulnerables

Sector construcción y el impacto de la pandemia en los más vulnerables

Helen Martin Urrutia
Vicepresidenta CChC Concepción

Las protestas de pobladores conocidas esta semana en la comuna de El Bosque en Santiago reflejan una realidad que con dolor anticipamos: la pandemia sanitaria se está convirtiendo para muchos chilenos en una crisis social, producto del retroceso económico que experimenta el país.

El desempleo, la pobreza y lo que es peor, el hambre, comienzan a ser palpables entre los más vulnerables de la sociedad. En especial, en aquellos que deben buscar sustento diario para vivir.

Por eso, valoramos las nuevas medidas anunciadas por el Gobierno, en relación a focalizar la ayuda en este grupo, tanto el auxilio en alimentación, como el llamado Ingreso Mínimo de Emergencia.

Lo anterior se suma a planes que otros organismos ya habían comenzado a implementar, anticipando los nefastos efectos económicos. Nosotros como ente gremial y aportando junto a la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC) asumimos el desafío de llegar a 125 mil familias de escasos recursos con productos básicos.

Ya en marzo, la CPC nos había convocado a ser parte junto a otros gremios del “Fondo Privado de Emergencia para la Salud de Chile” que tiene como propósito aportar con recursos, capacidades, infraestructura, redes y gestión del mundo empresarial, al Estado, municipios y fundaciones dedicadas a la población más vulnerable.

Entre otras ayudas, esta iniciativa ha entregado un millón de test rápidos al Ministerio de Salud y puso a disposición de esa cartera la infraestructura hospitalaria -en nuestro caso- de toda la Red Salud CChC.

Sin embargo y, pese a todos estos esfuerzos, creemos que ninguna red de asistencia social puede reemplazar a la dinámica de un país capaz de volver a crear empleos, mejorar los salarios y entregar nuevas oportunidades a sus habitantes.

Este es el mayor desafío no solo a nivel nacional, sino también, para el rubro de la construcción, reconocido como el sector productivo que genera la mayor actividad económica en el país.

Nuestra industria además concentra un efecto multiplicador en el empleo. Son 55.000 los puestos de trabajo directos e indirectos en la región y 750.000 en el país. Según cifras del propio gremio constructor, a raíz de la pandemia se perderán unos 75.000 en lo que resta del año.

Como sector, nos preocupa este escenario. El impacto de esta crisis en el empleo se amplifica en nuestro rubro, ya que el mayor porcentaje de la mano de obra proviene de la población más vulnerable y de clase media necesitada.

Con todo, la CChC ha logrado consensuar con distintos ministerios un Protocolo Sanitario para el Sector de la Construcción, que promueve, bajo estrictas medidas preventivas, la continuidad de las obras; de manera de asegurar la cadena productiva y con ello, los empleos del sector.

Estamos conscientes de los riesgos de esta enfermedad, pero tampoco se debe desconocer que medidas como el impedimento de salir a trabajar y el condicionar la detención de proyectos, finalmente, terminan afectando a esas familias tanto en lo económico y sanitario. Y lo que es aún más inquietante, en un mediano plazo, significará el deterioro de su calidad de vida.

Paralización económica o convivir con la pandemia

Paralización económica o convivir con la pandemia

Felipe Schlack Muñoz
Presidente Cámara Chilena de la Construcción, sede Concepción.

Si bien a lo largo de las semanas hemos visto un debate entre quienes son partidarios de medidas sanitarias rigurosas, como el lock down total, y quienes optan porque el sistema deba relajarse, para ir dando paso a que la actividad económica vuelva a desarrollarse.

Los que están más cerca de esta teoría son satanizados y tratados, incluso, como codiciosos e irresponsables. Sin embargo, a medida que avanza la propagación del virus el debate debería enfocarse en cómo logramos aplicar medidas sanitarias preventivas lo menos invasivas posible para la actividad económica. Lo anterior, obviamente, cuidando la salud de todos y teniendo en cuenta que el país deberá convivir con la pandemia durante un extenso periodo de tiempo.

Este dilema no es diferente al que viven otras naciones. Comenzar a adecuarse a la “nueva normalidad” es un desafío, pues en la medida que continúa el proceso de aislamiento; el daño a la inversión y la recesión proyectada para el país, se hace cada vez más profunda. Esto con el consecuente impacto en el desempleo, en el corto plazo.

El Gobierno ha dado señales cuyo objetivo es impulsar una reapertura de la economía y lograr una progresiva normalización de las actividades. El plan de retorno para funcionarios públicos –con gradualidad y ciertas excepciones- es un indicio para todo el mundo laboral.

Es el caso del sector de la construcción, el cual ha sido uno de los más golpeados con la pandemia, y uno de los rubros con mayor intensidad de la mano de obra. En la región del Biobío son cerca de 55.000 trabajadores ligados a la industria y más de 750.000 a nivel nacional.

Según cifras del gremio, es posible llegar a un 12% de desempleo, con una destrucción de 75.000 puestos laborales, a finales de año; el peor escenario desde 2010.

La mayoría de estas familias que se verán sin su fuente laboral en un corto plazo no cuentan con un soporte económico adicional y necesitan generar recursos periódicamente para costear sus necesidades básicas y llegar a fin de mes.

Por ello, esta otra pandemia del desempleo es incluso más feroz que la sanitaria. Creemos que es esencial, como lo ha hecho el Gobierno, en sus paquetes de medidas económicas, apuntar a la liquidez de las empresas y a la protección del empleo. Pero, además, implementar acciones concretas que apoyen la continuidad de la cadena productiva del sector.

Se necesita la operatividad de las obras, con todos los resguardos sanitarios necesarios, pues sin este movimiento las empresas tendrán bajas condiciones para financiar la mano de obra.

El llamado es a adaptarnos a la nueva situación, pues el virus estará presente durante largo tiempo y ninguna cuarentena total podrá eliminarlo. Es fundamental, entonces, una fase de normalización de la actividad económica, de lo contrario veremos con dolor una profundización de la vulnerabilidad social y pobreza en nuestra sociedad. Este es el gran desafío que tenemos por delante y para el cual todos tenemos que estar disponibles.