¿Cómo lograr proyectos inmobiliarios armoniosos con la comunidad?

Oct 1, 2019 | A fondo

Atrás quedaron los tiempos en que una empresa se instalaba y se ponía a construir. Hoy la nueva relación con el entorno demanda el desafío de vincularse con las comunidades. Esto porque no solo la sociedad lo exige, sino porque está en juego la sustentabilidad y legitimidad de las organizaciones.

Una verdadera transformación ha ocurrido durante los últimos cinco años en la relación entre empresas y sociedad. Ambas tienen un nuevo rol para vincularse entre sí. Mientras para las compañías, donde por supuesto se incluye el rubro de la construcción e inmobiliario, el desafío es concretar la responsabilidad social; las comunidades están cada vez más preparadas y exigen del sector un trabajo riguroso.

En el país, las empresas han ido entendiendo y valorando el tema. Según expertos, para la industria inmobiliaria es primordial abordar esta relación e incluirla en su gestión de negocios, por el impacto concreto que genera en el desarrollo de sus proyectos tanto en  las comunidades, como en el entorno.

Juan Pablo Gándara, director del área de Nexo Social de Nexos Comunicaciones, concuerda en que la relación empresa-sociedad cambió. Afirma que uno de los factores fundamentales para esta nueva realidad es el mayor acceso de la ciudadanía a contenidos relacionados con el habitar y que antes no consideraba. “Puede acceder a información sobre planificación urbana, planes ambientales e inversión de gobiernos regionales. En definitiva, esto hace que la comunidad se cuestione las condiciones en las que está viviendo”, acota.

Pero, según el profesional, lo determinante es el cambio en la distribución del poder en la sociedad. “Antes no existían los conductos o herramientas necesarias para ir a conversar, por ejemplo, con un desarrollador inmobiliario, hoy sí las hay. Actualmente, distintos actores tienen acceso a especialistas de diversas materias, lo que hace que los proyectos de inversión deban cumplir con un estándar mucho más elevado, lo que ha equiparado “la cancha” al momento de establecer diálogos y relaciones”, afirma Gándara.

La teoría de Edward Freeman sobre los stakeholders refuerza este punto. Según ella, así como existen accionistas de las empresas también existen clientes, trabajadores, proveedores y comunidad. Y es ésta última la que ha ido adquiriendo poder frente a las compañías. Es por ello, que las empresas no sólo deben velar por sus accionistas, sino también por el entorno donde se insertan sus proyectos.

Así el mundo inmobiliario –al igual que otros rubros productivos- comenzaron a preguntarse: ¿cómo hacer mejor las cosas? y si ¿quizás la gente no estaba tan satisfecha con la manera de hacer ciudad? De ahí, el cambio en la forma de cómo manejar las externalidades que generan los distintos proyectos.

La  ciudadanía hoy está más preparada. Accede a información sobre planificación urbana, planes ambientales e inversión de gobiernos regionales y esto hace que se pregunten sobre la forma en la que está viviendo.

“Sin duda, hemos entendido las expectativas de quienes podemos afectar cuando llegamos a ejecutar un proyecto. La fórmula es entender a la comunidad y ponerse en su lugar”.

CONOCER EL ENTORNO
Con este panorama era natural que el modelo de negocios de las empresas del sector también se modificara. El representante de Nexos Comunicaciones señala que “eso significa un nuevo enfoque desde la concepción del proyecto, incluyendo costos y carta Gantt de la iniciativa”.

Para el experto, no sirve hacer un proyecto entre cuatro paredes, por lo que entrega las claves para lograr un plan armonioso con el entorno.

Entre ellas, comprender las dinámicas del lugar y abrirse a recibir retroalimentación sobre el proyecto, dialogando de manera honesta y constructiva y defendiendo lo que se considere razonable.

Agrega otros de los pilares de este nuevo relacionamiento: generar información de manera oportuna y transparente; favorecer procesos de participación de manera temprana; que el desarrollador se presente en el lugar que afecta; tener flexibilidad para cambiar asuntos de diseño del proyecto y darse el tiempo para escuchar a la comunidad. En resumen, hacer un “buen proyecto” para ese lugar. 

Asimismo, el aspecto ético juega un papel importante en las relaciones que se establecen con las comunidades. Cristóbal Hernández, gerente de proyectos de la empresa local Giro Estratégico, expresa que hoy los privados tienen una mayor voluntad para comprometerse con metas de bien común. “La idea es que las inmobiliarias avancen en este camino con el convencimiento que nos va hacer bien a todos”, precisa.

En esta nueva etapa ¿qué hacer para no llegar a conflictos que pueden dañar o retrasar inversiones? Hernández recomienda que además de analizar las nuevas relaciones con la ciudadanía, se deben integrar al quehacer de la empresa y así implementarlas en el desarrollo del proyecto.

“Hoy la gestión de proyectos debe ir de la mano del relacionamiento y ser un antecedente más de la sustentabilidad de la empresa. Que se adopte como parte del estándar ético de la actividad”, expresa.

De esta manera, Hernández señala que se debe “estudiar” el entorno a intervenir y analizar cómo éste es compatible con la idea de proyecto inicial.

Luego, conocer los niveles de expectativas e impacto del proyecto y según ese diagnóstico establecer la manera más razonable de vincularse con los distintos actores. Esto implica, dice el profesional, identificar  los públicos a los que afectará la iniciativa.

Así, se pueden establecer los mecanismos de relación más eficiente con cada uno de ellos. Pero advierte que “no existe una fórmula única, porque los contextos geográficos varían y también el proyecto que se pretende desarrollar”.

ENTENDER A LA COMUNIDAD
Entender el entorno donde se va a ejecutar un proyecto, el contexto social y económico es gravitante a la hora de definir una inversión. De esta manera, lo ha realizado la constructora Avatar, que hace más de 10 años integró en su política organizacional el acercamiento con la comunidad a la que impactarán con sus proyectos.

Esta concepción ya forma parte del ADN de la empresa. Es decir, la política de buen vecino la tiene claro desde el gerente general hasta el trabajador en terreno”, dice Cristian Zapata, gerente de construcción.

Javier Ugarte, gerente del grupo Avatar e inmobiliaria Vellatrix explica que hay procedimientos establecidos que han adoptado al momento de planificar un proyecto. Afirma que antes de iniciar la construcción se reúnen con vecinos para comunicarles de qué se tratará la iniciativa y sus principales etapas. Durante la ejecución del mismo, el objetivo es mantener informados, en forma permanente, a estos públicos de las distintas fases del proyecto y sus afectaciones.

“Tenemos una constante comunicación, ya sea mediante cartas, mails y por supuesto tratamos de privilegiar el cara a cara con la comunidad”, enfatiza. Agrega que en esta retroalimentación recogen las sugerencias de los vecinos e intentan llegar a acuerdos si existiera un conflicto o desaveniencia.

Ugarte señala que muchas veces se han flexibilizado algunas acciones de construcción, ya que están conscientes que este tipo de actividad altera el entorno cercano. Incluso –subraya el gerente- en un caso un proyecto de edificación debió modificarse sustancialmente (bajar el número de pisos que pensaban construir) para lograr revertir la oposición de vecinos.

Finalmente, el ejecutivo aconseja que la previsualización por parte de los afectados de un proyecto y la participación ciudadana son relevantes para el desarrollo y legitimidad del negocio inmobiliario. “Sin duda, hemos entendido las expectativas de quienes podemos afectar cuando llegamos a ejecutar un proyecto. La fórmula es comprender a la comunidad y ponerse en su lugar”.