Densificación planificada: la fórmula para la metrópolis penquista

Jul 10, 2019 | A fondo

Un desarrollo inmobiliario armónico, integrado y reglas claras para ordenar la ciudad parecen ser las claves de un crecimiento con mejor calidad de vida para el Gran Concepción. El gremio constructor aboga por un proceso equilibrado y sostenible.

Si bien la mayoría de los actores vinculados a la planificación urbana coinciden en que la densificación es una buena alternativa para abordar el crecimiento de las ciudades, tal como lo han hecho Barcelona, Londres y Paris, que son ejemplos de un buen trabajo en este sentido; los aspectos que este proceso debe incluir son los que generan debate.

La importancia de discutir ese proceso se evidencia ya que en el país el 90 % de la población vive en zonas urbanas y un 82% está en esa misma condición en la región del Biobío, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Sergio Baeriswyl, urbanista y presidente del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano, plantea una “densificación equilibrada”, concepto que el organismo asesor incorporó entre los 16 ejes de su plan 2018-2022. “El objetivo es cómo lograr que un proceso, que es positivo, no se transforme en un fenómeno adverso para la ciudad y sus habitantes”, advierte.

El experto sostiene que este equilibrio planteado necesita de cuatro componentes: uno de ellos es la eficiencia, es decir cómo los habitantes de una ciudad utilizan el espacio público. Además que sea un proceso equitativo, con lo cual es vital que las personas no solo vivan en la periferia urbana, sino que puedan residir en zonas centrales. “Este componente tiene que ver con el grado de integración social que pueda darse en las ciudades”, menciona Baeriswyl.

Otro de los aspectos, dice el arquitecto, es la forma en que se materializa el desarrollo. En este sentido, propone que las urbes densas deben ser armónicas, lo que implica que la morfología de éstas no debe agredir la estructura existente.

Por último, menciona el urbanista, hay que aspirar a un territorio cohesionado. “Que cuando se construyan edificios, también se genere capital social en torno a ellos, con comunidades sustentables y donde los vecinos participen e interactúen”, acota.

Según Baeriswyl, Concepción mantiene buenos indicadores de integración social y de eficiencia, lo que ha quedado demostrado en los recientes rankings sobre Bienestar Territorial, donde la ciudad ocupa un lugar preponderante. Sin embargo, señala que “existen amenazas y, por lo tanto, la densificación es un proceso que hay que revisar y controlar”.

La idea es acoger a los habitantes de una ciudad, sin perder la calidad de vida. Esto es lo que hace que una urbe ciudad sea sostenible en el tiempo.

CIUDAD SOSTENIBLE

Con esa visión coincide la arquitecta Claudia Hempel, presidenta del Comité de Arquitectura y Urbanismo de la CChC Concepción, quien además agrega que el crecimiento urbano debe ser sostenible. “Es vital mantener este equilibrio asociado al desarrollo natural de las ciudades”, expresa.

Por esa razón, dice Hempel, los procesos de densificación urbana deben ser planificados. “Las normas urbanísticas definidas en los instrumentos como planos reguladores comunales, son las encargadas de normar el crecimiento de centros urbanos en forma controlada, mediante una adecuada conjugación de parámetros como densidad habitacional, altura máxima, coeficiente de constructibilidad, exigencia de antejardín o retranqueo, entre otros”, señala.

La arquitecta y académica recalca que el desafío está en hacer un manejo armonioso de esas variables. Para que, además –continúa- este proceso permita acoger la demanda de vivir en zonas céntricas y, al mismo tiempo, mantener la competitividad asociada a la dinámica de los servicios de una ciudad, resguardando la calidad de vida de los habitantes.

“La idea es acoger a más habitantes en un mismo sitio, potenciando un uso eficiente de la infraestructura urbana instalada y fortaleciendo el espacio público, lo que promueve una ciudad sostenible en el tiempo”, subraya.

Hempel afirma que la densificación de una ciudad contempla una serie de procesos virtuosos. Entre ellos, la dinamización de las áreas céntricas, favorece la renovación de centros urbanos y permite que más personas tengan la posibilidad de acceder a servicios y a conectividad privilegiada.

Según Juan Ignacio Lathrop, vicepresidente del Comité Inmobiliario, otro de los fines de la densificación se relaciona con el proceso de integración al que deben aspirar las ciudades.

Opina que “un proceso bien trabajado da paso a una integración real, con posibilidades que todos los ciudadanos lleguen a los centros urbanos y accedan a mejores servicios, equipamientos y áreas verdes”.

Lo anterior, precisa, no significa que se desarrolle un crecimiento desmedido y sin restricciones, las que están contempladas en ordenanzas, leyes y planos reguladores como instrumentos de ordenación territorial.

También, acota el dirigente, el mercado influye en el proceso de planificación de una ciudad. “En el caso de Concepción, los polos de desarrollo han sido impulsados porque las normas permiten su crecimiento, pero también, porque existe una demanda por vivir en esas zonas”, explica.

Lathrop expresa que se debe asumir el rol de la ciudad como una urbe en altura y planificarla de esa manera en el tiempo. “Concepción ha ido potenciando su crecimiento en altura, complementado con el alto costo del suelo, menores tiempos de desplazamiento y mejores estándares de espacios urbanos”.

CONTRAPESO A PRIVADOS

Una visión más crítica de la densificación tiene el sociólogo y Doctor en Urbanismo en la UCLA, Francisco Sabatini. Si bien se manifiesta partidario, argumenta que este proceso debe tener una regulación por parte del Estado.

El académico afirma que la densificación es un fenómeno creciente en las ciudades ya que la tendencia mundial es volver a habitar los centros urbanos. “Las personas necesitan vivir hoy donde haya centralidad, sobre todo por los tiempos de desplazamiento y por el ambiente laboral, que tiene un mayor desarrollo en esas áreas, lo que es determinante para la vuelta del ciudadano a la urbe”.

A su juicio, el control que el Estado debiera tener ante el crecimiento –muchas veces vertiginoso de las ciudades- en la actualidad se visualiza como ausente. “Una densificación equilibrada se construye con regulación estatal hecha en función de la conservación y el patrimonio”, recalca el académico.

Para Sabatini, el mundo privado, que es uno de los actores principales en densificar las ciudades, debería tener como contrapeso un Estado que se preocupe de preservar el interés público y dotar de ese anhelado equilibrio a las urbes. Si no, señala el profesional, ocurren ejemplos como los ghettos verticales en Santiago.

“El problema de la densificación hoy en día se concentra en un desbalance de fuerzas e intereses, que no son eminentemente técnicas, sino donde prima un factor político”, expresa.

La propuesta, dice el académico, es compatibilizar la densificación, con el negocio inmobiliario y el respeto por la arquitectura y el barrio.