Nuestros líderes red opinan sobre El Metro

Publicado el 23 noviembre, 2018

 

Claudio Arce, presidente del Colegio de Arquitectos, Concepción:

Los metros iniciaron su funcionamiento en el siglo XIX. El primero comenzó a operar en Londres, en 1863, y no debido a los problemas de congestión, pues no existían los autos en ese momento. El hecho ocurrió porque urbanamente son un aporte a la calidad de vida de los habitantes de las ciudades, además de un excelente sistema de transporte público, y probablemente el mejor hasta la actualidad.

Ver al metro solo como una solución de transporte público en confundir la discusión. La dimensión para evaluar un sistema de metro es mucho más amplia e involucra el desarrollo de los espacios públicos en superficie y subterráneamente. Es así, como hay estaciones que son centros comerciales, pequeñas sedes culturales, plazas cubiertas y lugares donde se genera vida urbana. Es un “espacio de intercambio social, cultural y económico” que es imposible en los sistemas de transporte actuales basados en las “micros”.

Como segundo enfoque, es urgente tener un país mas equilibrado y acortar las enormes brechas en infraestructura y servicio público que ofrece Santiago, en desmedro de otras ciudades como Concepción, afectando la competitividad que éstas podrían ofrecer. Una brecha que no se sustenta ni en la rentabilidad sobre el 6% que solicita el Ministerio de Desarrollo Social.

Si comparamos el 6,7% de rentabilidad social que tiene el proyecto metro en Concepción -que une la estación Biotrén de Concepción con la Universidad del Bío-Bío-, según el estudio de prefactibilidad realizado por FESUR, con una rentabilidad social de un 7% de la aprobada línea 7 del Metro de Santiago -entre Renca y Las Condes- observamos que no existe sustento para aprobar un proyecto por sobre el otro; menos cuando en Santiago ya se superan los 142 km de vías subterráneas y el metro de Concepción sería inicialmente de solo 5,3 km.

Tercero; es preciso contextualizar además la dimensión anticuada, peligrosa y contaminante de los actuales sistemas de transporte público, basados en “micros” o buses, que ocupan el escaso espacio público de esta ciudad. El daño que causan estos vehículos es fácil de evidenciar y comprobar en las áreas donde circulan, haciéndose evidente en los momentos de paros u otras eventualidades, cuando estos sistemas dejan de operar y el espacio urbano recupera el silencio y la calidad de la vida de las calles.

Como cuarto punto es necesario apuntar al cambio total en la matriz de trasporte que involucra al metro, en conjunto con tranvías eléctricos y bicicletas, que son factores necesarios para la construcción de ciudades más sustentables, integradas y equilibradas, como la modificación que se está planteando para este país.

Por lo tanto, pensar en un metro como un proyecto futuro es un escapismo a un problema actual y a esa posición que no aguanta lógica alguna. Los arquitectos, los planificadores, así como los ingenieros de tránsito, saben que las ciudades se planifican y no se improvisan. Como muy bien se ha hecho en Europa y en el mundo desarrollado, no se reacciona cuando los problemas están desbordados; los costos son mucho mayores y el retroceso de las áreas urbanas es muchas veces irrecuperable.

 

Eric Forcael, director General de Relaciones Institucionales, Universidad del Bío-Bío:

“Un metro para el Gran Concepción no es solo una señal política para contrarrestar en parte la alicaída imagen de un Transantiago que pierde millones capturado por el ‘busismo’. Se trata de una obra que, por una parte, permitiría descongestionar el atiborrado tráfico penquista, pero más importante aún, una obra tractora de inversiones, que ayudaría a posicionar a la capital universitaria de Chile como una ciudad moderna, atractiva y bien conectada.

Por mencionar solo un ejemplo, Bilbao levantó su imponente museo Guggenheim y lo conectó a través de una bien lograda red de metro, acompañada de hermosos parques y buenos lugares para comer. Haciendo el paralelo con nuestro Gran Concepción, podríamos recibir a un visitante que aborde el metro en su primera estación, luego de visitar el futuro Planetario de la Universidad del Bío-Bío, se baje en la estación de la Universidad de Concepción y visite la Pinacoteca, para finalmente terminar su periplo en la última estación de esta anhelada Línea 3 (nuestro metro) en calle Prat, cerrando así su circuito viendo una maravillosa obra en nuestro Teatro Regional.

Desconocer el impacto de una red de metro para el Gran Concepción, es desconocer lo que han logrado otras importantes ciudades en el mundo, de la mano de una apropiada infraestructura de transporte público, como la hoy tristemente postergada línea 3”.

 

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