La ruta hacia la “Smart City” por Helen Martin Urrutia

Feb 21, 2019Opinión

Helen Martin Urrutia Vicepresidenta CChC Concepción

El mundo cambió. La forma de vivir en comunidad se modificó a pasos agigantados; los espacios disminuyeron y la sustentabilidad de las ciudades adquirió una enorme relevancia.

Su diseño determina el bienestar de todos, no solo en términos de acceso a una vivienda, sino también, en términos de crecimiento económico, posibilidad de educación, acceso a la cultura, al entretenimiento y a la salud.

No obstante, en el contexto actual los planes reguladores están obsoletos y existe una carencia de planes de desarrollo coordinados, con una diversidad de visión de ciudad y una falta de una institucionalidad moderna, validada, plural y objetiva para la toma de decisiones. Esto deriva en urbes con visiones cortoplacistas e inversiones en infraestructura atrasadas en a lo menos tres décadas. Mientras continuamos en esta lógica, las ciudades generan el 70% de los gases de efecto invernadero y concentran casi ese mismo porcentaje en población, que debe su calidad de vida al diseño eficiente de la ciudad.

La revista científica PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) señala que las proyecciones de emisiones atribuidas a los edificios bajo múltiples densidades urbanas potenciales en el horizonte de 2050 muestran que los patrones de desarrollo más densos producen niveles de emisiones más bajas, ya que en áreas urbanas densas, la población tiende a vivir y trabajar en unidades más pequeñas y, por lo tanto, a usar menos energía. Además, los edificios adosados requieren también de menor energía para ser calentados y enfriados.

A la luz de este estudio, los investigadores aseguran que las tendencias mundiales se mueven en la dirección equivocada, puesto que las ciudades están creciendo, pero la densidad urbana disminuye. Por ello, el medio oficial de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos incita a los gobiernos a adoptar políticas de densificación como principal medida de reducción de emisiones de los edificios. Existe consenso en que la densificación de las ciudades permite tener una urbe integrada, con infraestructura inteligente y sustentable, transporte a escala humana, uso de la bicicleta y espacios caminables.

Crecer en densificación implica liberar recursos públicos ya invertidos en la ciudad para potenciar áreas de esparcimiento, parques, cultura y educación, entre otros.
Pero la pregunta es ¿cuándo la densificación funciona? Al parecer la clave es generar espacios públicos para el esparcimiento y la cultura, áreas verdes y entornos a escala humana. Y eso en su conjunto actúa como contrapunto a los efectos no deseados de este fenómeno.

La densificación permite tener una urbe integrada, con infraestructura inteligente y sustentable, transporte a escala humana, uso de la bicicleta y espacios caminables.

Sin embargo, esto no es suficiente sin políticas públicas que propendan al desarrollo de la infraestructura, principalmente, de transporte, que se anticipen a la densificación, así como también, que mantenga coherencia con la visión de ciudad acordada. Crecer en extensión implica invertir recursos y esfuerzos en nueva infraestructura que asegure el desplazamiento en tiempos que permitan un equilibrio entre familia, trabajo y esparcimiento. La densificación como extensión de ciudad debe ser entendida como un fenómeno no excluyente y que sea útil a los distintos segmentos de la población.